Historia de la bruja Irene
En la calle Rawson 1914, había una casa de dos pisos, de paredes amarillas y el techo, marrón claro, colores que habían elegido los últimos dueños. Tenía un amplio jardín con pileta y quincho. En su interior, escaleras caracol comunicando los ambientes y un ascensor. En el subsuelo funcionaba un taller de arte con varios elementos, tales como: hornos, arcilla, masa, plastilina y témperas de los colores más inusuales que se puedan imaginar. Allí había una biblioteca con una gran colección de libros sobre pintores, historietistas clásicos, caricaturistas y revistas sofisticadas con ejercicios “paso a paso” para hacer stop motion con dibujos. La habitaba una familia de fantasmas: la señora y el señor Pallerson. Marisa Pallerson era flaca, alta, de pelo ondulado, largo, grueso y blanco. Usaba anteojos, tenía ojos grises vivaces y una nariz puntiaguda. El señor Marvolo Pallerson era delgado, tenía una barba angosta y corta, ojos púrpuras, bigotes finitos ...