Historia de Catarina Nora

Voy a contarles una historia triste: Catarina Nora nació en un castillo donde vivía con su madre, Marita, su padre, Saúl, y su hermano mayor, Jeremías. Era aquella una niña muy traviesa y escurridiza. Una vez su papá quiso estrecharle la mano y ella amagó, pero se la retiró y él de la sorpresa cayó boca abajo; a su mamá, en una cena, le manchó el vestido al apretar con el tenedor los tomates de la salsa para fideos, cuando Caty bien sabía que aquél era el vestido preferido de su madre.

Con Jere de once años y ella de siete, cuando él fue a bañarse Caty le mojó la ropa qué él tenía preparada para una fiesta muy importante de su colegio, y entonces le dijo:

—Tenés tres opciones: o vas con la ropa mojada, o te presto mi vestido unisex, o te transformo en gato para siempre y ya tenés excusa para no ir a la fiesta.

—Ja, ja, ja. Prefiero mi ropa mojada antes que vestir de mujer… Pero si podés transformame en gato dale, Catalina.

—Es… ¡Catarina! —gritó ella bien fuerte, y sus ojos se volvieron tan amarillos y grandes que Jeremías se transformó en gato. Ahora él maullaba y maullaba, y cuando llegaron los padres, de la vergüenza se escapó por la ventana y salió a la calle.

Fue Tiziana Magentha, una mujer de sesenta y cuatro años, toda una luchadora contra el maltrato animal, quien se encargó de rescatarlo. Leyó “Jeremías” en el collar y lo llamó así. Ella tenía en su casa un gato persa anaranjado, y ambos felinos se llevaron muy mal durante muchísimo tiempo.

Fue aquella la noche en que Caty descubrió su habilidad para transformar a la gente. Los padres, en tanto, buscaron a su hijo con desesperación hasta que lo dieron por muerto.

A sus nueve años, Catarina Nora gustaba de un chico que, al volver del colegio, siempre pasaba junto a la cerca del castillo, y un día ella se enfureció tanto al verlo con otra que se transformó a sí misma en gata y saltó por la ventana en dirección a la nena, pero en el acto él la detuvo y la chica dijo:

—Ay, gracias, primo…

—De nada —dijo él—, mirá qué lindo siamés… o siamesa. Lo voy a adoptar, se lo voy a llevar a mamá.

Así fue como Fernando adoptó a Caty, que pronto se restregaba contra las piernas de su dueño.

Marita y Saúl buscaron y buscaron a Caty, hasta que también la dieron por muerta.

Diez años después, Caty tuvo un golpe de calor en el pulmón de la manzana de la casa de Fernando; en su agonía, un cuervo negro la escuchó decir:

—Fernando, te amo…

Luego el cuervo se fue a vivir al castillo y vio cómo los padres de Cata y Jeremías morían de pena en la cama. ¿Vieron que era una historia triste?

 

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