El rechazo

 

El gato balinés caminó por un pasillo de paredes revestidas con empapelados a rayas amarillas y beiges hasta llegar al armario de su dueña, la diva Ñata, una joven esbelta, bizca, de pelo rosado hasta la cintura con dos colitas y anteojos con marco de madera. Siempre viste sexy pero ahora, desnuda, abrió la puerta del armario y con eso chocó la cabeza del lindo balinés, golpeado esta vez no por la pandilla, ni por el patriarca de la familia, ni por los nenes traviesos, sino por la reina del rechazo. El gato lloriqueaba. 

—¡Ay, dejá de joder, michi! Ojalá fueras hembra. Nunca entendí a los hombres… 

El gato se limitó a maullar, mientras veía cómo la chica se abrochaba el corpiño fabricado con la piel de una amiga de su mamá: la persa Gutiérrez. 

—No veo la hora de que llegue mi novio y vea este conjunto —bajó la cabeza y miró al minino—, ¿o no, idiota? 

Al gato se le humedecieron los lagrimales.

—A vos te vendría bien una novia…

Prefiero tus tetas, fantaseó el balinés. 

—¿Qué me mirás, gil? No te merecés ni el culito de la chica nerd de mi escuela, ni los mimos de mi abuela y de mi mamá. Ahora que lo pienso, a vos lo que te haría bien es hacerte gay, o al menos asexuado. ¿A quién vas a cogerte con esa cara de pobrecito? Para las chicas como Naty, como Marce o como yo estás out. Ja. 

El gato hubiese querido decirle: para tu información, no estoy golpeado por ningún macho sino por vos cada vez que me ignorás y me pegás con la puerta

Ñata, tras haberse puesto la tanga hecha del mismo material, volvió a su mascota sosteniendo el lápiz labial púrpura que suele usar para combinar con su cabello; impostó una sonrisa y le dijo: 

—¿Qué tal si te pinto? 

No bien destapó el labial, el gato se abalanzó sobre la dueña: cuando cayeron sobre la alfombra atigrada, él le mordió el rostro y además le dio el peor rasguño de su vida. 

 

Unos días más tarde…

 

Al velorio a cajón abierto de la diva Ñata, en el cementerio “Pelirosas” del barrio Tigre, creado en 2013 por la “Fundación Galmarini”, asistieron la madre de la diva con el balinés en brazos, el padre, la abuela materna, los dos hermanos menores (los mellizos Juancho y Pancho), el novio, un amigo, y Natalia y Marcela, también amigas. Todos vestían de luto, salvo los mellizos que lucían prendas de diversos colores, por cierto mal combinadas. Antes de las palabras del cura, le tiraron al cajón flores en tonos lilas, rosados, fucsias y magentas, y se escuchó:

—Mi hija…

—Mi única nieta mujer…

—Mi novia…

—Mi amante…

Los demás miraron raro al amigo de Ñata; Marce le dijo a Natalia al oído:

—Pobre Dani…

—¿Qué pobre? Es un loser…

El novio extrañado se fijó en Natalia, que le esquivó la mirada mientras le hacía un gesto de fuck you; Marcela, en tanto, le tiraba un beso al aire al amante, que se secaba las lágrimas.

Juancho y Pancho dijeron al unísono:

—¡Mi hermana!

La abuela se tapó los oídos, y el padre de la diva estaba a punto de decir algo pero las chicas se adelantaron; Marce dijo:

—Mi mejor amiga…

Y Nati la corrigió:

—Ey, era mi mejor amiga.

El padre, otra vez, estaba por decir unas palabras, pero su mujer alzó al gato balinés para anunciar:

—Ahora faltarían las palabras del michi, venga con mamá.

Cuando, antes de que cerraran el cajón, la mascota meó la cara de Ñata, todos se pusieron a llorar salvo Marcela y Natalia:

—Se ve que el lindo gatito no perdona al chico virgen que intentó violarla. 

—No, tonta, a ella no la puede perdonar.

—¿Qué es lo que el balinés no le perdona a su dueña, Naty? 

—El rechazo, qué va a ser. 


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