El negocio del año

 


En el comedor de la casa Le París del country Laguna de los Patos toman la merienda el hombre de negocios Gregorio, su mujer Tamara (ama de casa), su mano derecha (el sobrino Bautista) y su hija Azul (de quince años); como invitados, el arquitecto Rodrigo, su mujer Lorena (abogada), el hijo de la primera esposa, Juan (de trece años) y la hija de Rodrigo y Lorena, Pía (de tres años).

Gregorio (a Rodrigo): Hay un negocio que creemos le puede interesar, ¿no es así, Bautista?

Bautista (le pone azúcar en cubitos a su café cortado): Sí, sí, una torre en Nordelta.

Rodrigo (interesado): Ajá…

Gregorio: Pero no cualquier torre; explicale bien, Bauti, una torre gótica… (a Rodrigo), mire, es simple: necesito que me diseñe una torrecita con su mejor creatividad, y después ya le daré sus honorarios.

Lorena ríe. 

Tamara: Perdón, ¿qué es tan gracioso, my love?

Lorena: Nada de usted, querida

Gregorio: Tamara, por favor… Bueno, Rodrigo, ¿contento? Esto va a poner a prueba su capacidad de creación. Confío en usted. 

Rodrigo: Pero, Don Grego…

Gregorio: Ah, ah, ah, nada de Don. Yo para usted soy Gregorio (levanta el dedo). ¿No es así? (gira las pupilas hacia arriba)

Bautista: Sí, tío… 

Gregorio (baja la mano): Bien…

Rodrigo: Gregorio, debo decirle que al menos podría darme indicaciones sobre cómo encarar el trabajo…

Gregorio: Tiene razón. Bautista, ¿qué hacés? Traele los papeles del plano, no te quedes quieto ahí.

Bautista: Ya voy, tío…

Lorena: ¿Ustedes son marido y mujer, o hermanos? 

Gregorio: ¿Perdón…?

Rodrigo: Ay, Lore…

Tamara (le toma las manos a Gregorio): Marido y mujer, señora.

Lorena: Ah, ¿y el sobrino qué onda? 

Tamara: Es mi…

Bautista (llega con un plano enrollado): Acá volví…

Gregorio: Bien (le quita el plano de las manos a Bautista y lo desenrolla). ¿Vio esto?

Rodrigo: Sí, lo veo, pero no tiene ninguna indicación…

Gregorio: ¿Ve el vacío?

Rodrigo: Sí, Greg…

Gregorio: Ahí es donde se pone a prueba su máxima expresión…

Rodrigo: ¿Tiene vista al río?, ¿tapa a otros edificios?, ¿dónde está ubicado específicamente?

Gregorio: Ahora le muestro en el mapa de la ciudad… ¡¡Bautista!!

Bautista: ¡Ya va…!

Rodrigo: Gregorio, no hace falta gritar así…

Bautista: ¡‘Pere!

Pía: ¿‘Tá loco?

Lorena le hace a su hija un disimulado gesto de sí.

Bautista (con el mapa): Acá, Rodrigo, tenemos la ciudad. Estamos a diez cuadras del…

Gregorio: Sí, sí, sí, ya… él va a entender, ¿no, Rodrigo? 

Rodrigo: Sí, Gregorio. ¿Hasta cuánto puedo extenderme?

Gregorio: Que no sea más ancho que el círculo que le marqué; en cuanto la altura, el límite es el cielo… ¡cuanto más, mejor!

Rodrigo: ¿Pisos?

Gregorio: ¡Le dije que no hay límites! 

Rodrigo: ¿Qué tipo de diseño quiere?

Gregorio: El que a usted le parezca. Y si quiere los decora con dibujos de su hijo, que seguro van a quedar bárbaro. ¡Va, va, va! 

Rodrigo: ¿Qué?

Gregorio: Vía, vía, que se retire…

Rodrigo: ¿Vamos, Juan? Juaaaaan.

Pía le toca el hombro a Juan, que acomoda lápiz, goma y sacapuntas en su cartuchera verde con el dibujo de los delfines blancos de Rawson.

Juan: Ah, sí

Gregorio: ¿En qué estuvo el gran genio? ¿Puedo ver? A lo mejor puede ayudar a su padre con el proyecto, a ver si se le ocurren ideas para los colores y la ambientación (Juan enseña el dibujo de una señora con uñas muy largas); ah… pero qué maravilla (Gregorio sonríe), te salió igualita (le sacude el hombro a su mujer).

Tamara (le saca la mano a su marido): ¡No me toques!

Azul: Ja, ja, ja. ¿Harías uno de Bauti?

Rodrigo: Nos tenemos que ir, pichón, será otro día…

Pía: ¿A ‘ónde, papi?

Rodrigo: A casa de la abuela.

Pía: Tita es agurrida’…

Lorena: No, a lo de mamá (Pía sonríe).

Rodrigo, Lorena y Pía se retiran; Juan se incorpora de la silla y se le cae el dibujo de Azul, que lo levanta.

Azul: ¿Esa soy yo? 

Juan: Eh… sí.

Azul: ¡Qué linda…! ¿Harías uno de mí, como este pero en grande?

Lorena (desde la puerta): ¡¡Juan!! ¡Nos vamos! 

Juan: ¡¡Sí, ya voy, Lore!! (se dirige a Azul), perdón me tengo que ir…

Azul: Creo que… vos y yo nos parecemos mucho. Chau, amor…

 

En el auto…

 

Rodrigo: Che, simpático este Gregorio.

Lorena: Sí, pero la mujer… ¿vos la viste? (llega Juan al auto), ay, Juancito, ¿vos viste la cara de orto que puso la vieja cuando vio tu dibujo? Ja, ja, ja. ¿Puedo ver el de Azul? No la habrás hecho con arrugas, ¿no?, pobre…

Rodrigo: No, pero ojo, que cuando este dibujó a su prima Cata le hizo un montón de arrugas.

Lorena le saca el dibujo a su hijastro.

Lorena: Ah, ‘tá re linda y… ¿sexy?

Rodrigo: ¡¿Qué?! No, esto es inédito en Juan, ¿a ver…? Noooo… ¿Harías uno así de Cata?

Juan: ¡No!

Pía: Huácala.

Rodrigo: Pero mirá que tu prima te ama, te adora…

 

Unas semanas más tarde, Rodrigo y su familia vuelven a casa de Gregorio, y otra vez se instalan en el living.

Gregorio: Rodrigo, ¿a ver sus proyectos de la torre?, seguro están buenísimos, je, je (abre la carpeta). Sííí, justo lo que necesitaba, una torre bar con un hall abajo, un comedor de un asiento en el primer piso, cocina segundo piso, playroom tercer piso, escalera caracol, ¡¡y salita de mini teatro en el último piso!! ¡¿qué más?! Ah, techo estilo gótico con quimeras de cerditos voladores (abraza a Rodrigo). Rodrigo, esto es excelente. 

Rodrigo: Debo decirle que el espacio era muy angosto; si no, hacía un bar para más personas.

Gregorio: Nah’, está muy bien así, es para que vengan de a uno y disfruten de la imagen del edificio. ¿Incluyó dibujos de su hijo?

Rodrigo: No…

Gregorio: Bueno, no hay drama…

Azul: ¡Ah! ¿Me hiciste el dibujo?

Juan (se lo muestra): Sí, mirá…

Azul: Qué hermoso, vení que te doy un…

Juan: ¿Un qué?

Azul: Vení a mi cuarto.

Ambos suben al cuarto de Azul; al llegar, ella le da a Juan un beso profundo. 

Azul: Juan, amado mío, sos mi única salvación. Mi madrastra me odia, mi primo me maltrata cada vez que puede y papá, bueno, es muy permisivo, distraído, está en sus cosas, pobre, no está bien…

Gregorio (descorcha un champán): ¡¡Chicos!! ¡Vengan a celebrar el negocio del año!

Azul: Mirá que el año comenzó recién, papá (ríe).

Gregorio: Digo el año contando desde lo de la leche donada a comedores infantiles hasta acá. Vengan.

Azul: Bueno…

Azul y Juan bajan tomados de la mano; en el living, la mesa servida con pasta que preparó Tamara.

Gregorio: Veo que te olvidaste del chofer (los chicos se sientan a la mesa); bien, festejemos por el negocio arquitectónico del año, uno que nos llevará al éxito: la torre “Gregorodrigo”, en nombre del arquitecto aquí presente y del mío, ¿no es así? (Tamara y Bautista lo miran con desprecio); bueno, no se pongan celosos, que al fin de cuentas ustedes no tuvieron nada que ver.

Bautista: Perdoname, tío, pero yo hice los planos, contacté a los proveedores…

Gregorio: ¡Ah! Hablando de los proveedores, Rodrigo, todo queda en mis manos: van a hacer su diseño al pie de la letra y le pagaré en efectivo una vez que… (Bautista lo codea), cuando yo lo llame, ¿de acuerdo? 

Rodrigo: Pero a mí siempre me pagaron antes, y por transferencia, esto es nuevo para mí…

Gregorio: Su diseño vale lo que vale. Y sus honorarios serán en pesos.

Rodrigo: Perdóneme si abuso de su amabilidad, pero… ¿no podría ser en dólares? Yo siempre recibí dólares, porque a mí siempre, pero siempre, me pagaron en dólares.

Tamara: Por favor… (con disgusto, como quien dice “por Dios”). 

Gregorio: Rodrigo, entenderá que en la vida no se puede todo…

Bautista: ¡Ay! ¡Azul! ¡Me salpicaste! 

Gregorio: Bautista, ya estamos grandes para mancharnos, ¿no?

Tamara: Tu hija parece de siete (Azul aprieta con el tenedor los tomates de la salsa para salpicar el blazer de su madrastra). ¡¿Pero qué hacés?! ¡¡Es el saco de tela de mi abuela!!

Gregorio: Hija…

Azul: Papá, ¿siempre le vas a dar la razón a estos dos?

Gregorio: No. Siempre no, pero esta vez sí.

Azul: Ufa…

Pía (le tira del brazo a Lorena): Mami, ¿‘tá ben’ tiar’ tomaes’ a ‘as señoas’ cooooo’ ‘os Looney Toons?

Lorena: No, hija, eso no se hace (codea a Rodrigo), je…

Al escuchar la risa de su invitada, Tamara se muerde el labio.

 

Semanas más tarde…

 

Gregorio, en el sofá del living, atiende un llamado en el inalámbrico:

Rodrigo: ¿Cuándo me van a pagar?

Gregorio: Arquitecto, no esperaba su llamado…

Rodrigo: Necesito el dinero, yo ya hice lo mío…

Gregorio: Pero… ¿qué es usted, uno de mis matones? Quiero decir, como si usted fuera un sicario de alguien. ¿Cómo puede caer tan bajo?

Rodrigo: Gregorio, se me está acabando la paciencia, hace una semana que…

Gregorio: Apenas se termine la obra le pagaré.

Rodrigo: El contrato dice que hasta el quince de febrero…

Tuuuu tuuuu tuuuu…

Gregorio: ¡Bautista! (gesto con la mano) Vení. 

Bautista: Sí… 

Gregorio: Haceme el favor de callar a Rodrigo: ya no se puede confiar en él. Amenazalo, que está como loco. Me asocié con un loco. Y si es necesario matarlo, vos sabrás…

Bautista: Sí, tío.

Gregorio: Va, va, va… (gesto con la mano a Bautista para que se retire).

Aparece Azul.

Azul: ¡Papá! 

Gregorio: ¿Qué pasa, hija?

Azul: ¿Cuándo viene Juan?

Gregorio: Nunca, ¿me escuchaste? Son gente peligrosa. Él y su mujer, con esos comentarios maleducados. Nunca te fíes de gente desconocida. 

Azul: Buuuaaaa (se retira).

Gregorio: No puedo confiar en nadie para que sea el novio de mi hija… (toma un sorbo de whiskey escocés en un vaso de labrado, herencia de su abuelo paterno).

Aparece Tamara.

Tamara: ¡Gregorio! 

Gregorio: ¡¿Qué pasa, amor?! (apoya el vaso con fuerza).

Tamara: Rodrigo llamó religiosamente todos los días. ¿Podés hacerlo callar? 

Gregorio: Estoy en eso (levanta el vaso, como para beber otro sorbo). 

Tamara: ¿O darle la plata, así nos lo sacamos de encima? 

Gregorio: Estamos sin plata, ¿entendés? (vuelve a apoyar el vaso con más fuerza, dejando una marca en la mesa de mármol). Nuestro ex chofer, o sea tu amante, su mujer y la hermana de ella nos cagaron la vida con esa denuncia sin sentido sobre supuesto “lavado de dinero”, es por culpa de ellos que estamos como estamos (golpea la mesa con la mano).

 

Días más tarde…

 

Gregorio, en el jacuzzi, solo, sin amigos, sin socios, y con deudas, deudas, deudas hasta las pelotas… ¿Qué más le falta? ¿Qué tiene por perder?

Abre las puertas corredizas de cuarzo una morena alta de pelo despeinado hasta la cintura, ojos achinados, pestañas lilas, largas extremidades, pezones turgentes cubiertos con brillantina dorada, tanga roja, uñas de leopardo, tatuajes de serpientes, víboras, lagartijas, lagartos, cocodrilos, yacarés, dientudos, venenosos, cornudos, vivaces, atigrados, con manchas, sin manchas, mestizos, devoradores.

Gregorio (media sonrisa): Jime, por fin viniste…

Jimena (se lame los labios): Sí…

Jimena se frota las manos antes de hacerle masajes a su cliente por largo rato. Cuando ella ingresa en la bañera, se presenta Tamara en bata, con ruleros, pantuflas de conejo y máscara verde en el rostro:

Tamara: ¡Así los quería encontrar!

Azul, al ver la escena de lejos, ríe. “Al fin una madrastra copada: prefiero pobretona con onda, que vintage elitista”, piensa. Suenan las sirenas y por megáfono se escucha:

Bermúdez Gregorio Baltazar, se lo busca por la donación de leche vencida a comedores infantiles, lavado de dinero, y lo que es peor: el asesinato de…

Gregorio besa a Jimena.

Tamara: ¡Basura, sos una basura!

…ya tenemos con nosotros a Vellona Bautista Germán.

“Mirá este virgo el festín que se pierde”, piensa Azul en referencia a Bautista, y a continuación saca el BlackBerry del bolsillo para buscar en Facebook a Juan y besar su foto de perfil, una de hace tres años en la que él sostiene en brazos a una Pía recién nacida. Le manda solicitud.  

Entréguese…

Tamara: ¡Infiel!, ¡infiel! O te entregás o te entrego yo. Me importa tres carajos que seas corrupto, mafioso, hasta asesino. Serás un gran empresario, pero ahora sos sólo un fracasado, infiel y sin plata.

Mientras Azul, entre risas, guarda el celular para sujetar a su madrastra de los brazos, la policía tira la puerta abajo.

Jimena: No importa, bebé, acá tenés a una mujer que te va a visitar a la cárcel día y noche, no como el idiota de tu sobrino —le da un último beso antes que comience la peor pesadilla del hombre que quiso hacer el negocio del año y…

 


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