Oso Penda

 


Les voy a contar sobre el Oso penda, no panda sino penda, uno violeta, de ojos colorados, dientes amarillos y cara estilizada. ¿Cómo puede ser así? Vive en un zoológico y siempre lo visita un mismo nene: Ian. Por supuesto que también lo visitan señoras, señores, mujeres, hombres, chicas, chicos, nenas y otros nenes, pero el que lo visita siempre es este Ian, que con nueve años va solo al zoológico y le habla al oso sobre su familia, maestra y amigos. El oso se siente comprendido por el niño, y viceversa. La gente los considera locos.

Una tarde, un anciano de bigotes, calvo, y con anteojos, lo increpa:

—Disculpe, mi niño, ¿usted está loco?

Tomen nota de esto: nunca hay que preguntarle a un desconocido si está loco, y menos a un niño. Podría ser, tal vez, un ¿Tas loco? Casi me atropellás con la bicicleta… Pero no en este contexto, e insisto: nunca a un niño. ¿Cómo un señor mayor —al que, de más está decir, le sobra experiencia—, puede cometer semejante falta? En fin, sigamos…

El niño lo mira y solloza; el anciano dice:  

—No tengo la paciencia de tu abuelito.

Con eso, el niño pasa de la tristeza al enfado; el otro sigue:

—A tu edad no se puede ni hablar con animales ni andar solo, así que ahora voy a denunciarte a la comisaría de niños atrevidos, malditos, mocosos, malcriados, consentidos, golosos, estrafalarios, impertinentes, despiadados, intrusivos, invasivos, intrépidos, bizarros, indecentes…

—Ajá…

—¿Escuchaste…?

—Y dígame, si yo no le hablo al oso, ¿quién le va a hacer compañía?

—¡Sólo en este zoológico progresista aceptan un oso anormal!

El anciano se retira, y se escuchan aplausos de adolescentes chetos que no hacen más que jugar a la Play, faltar al colegio y repetir dos o tres veces en la misma privada en la que los miman como si fuesen bebés de publicidad. Sin embargo, hay allí una generación intermedia que, en su mayoría, no aplaude. ¿No será la generación de este niño la próxima en elegir otro estilo de gobierno? No se sabe, pero para eso el pobrecito deberá sufrir un medioevo de ricos caprichosos durante su pubertad, preadolescencia, adolescencia temprana, fiestas de quince y el inicio de su juventud, pequeña luz en el horizonte… En todo caso, al no ser yo vidente, me ocuparé de lo que sucede aquí y ahora. Ian le dice al oso: adiós, Oso Penda, por lo que los jóvenes se sorprenden:

—Ay, boludo, esto es un montón, ¿por qué me estresó tanto si miro TV todo el día?

—Che, ¿viste qué linda es la nueva conductora del Canal de Chicos?

—Lo único que vi, hablando de “chicos”, es que este niño tiene mucho más corazón que esa rubia teñida… —dice la rebelde del grupo, mientras Ian ya se aleja de la jaula, pero entonces él se detiene, le sonríe y le guiña un ojo; antes de que la chica le devuelva el gesto a Ian, Oso Penda lo saluda con la mano.

 

 

Ian vuelve a su casa: hermanas adolescentes caprichosas, madre ama de casa aristocrática y pedigüeña, padre ausente, abuela materna instalada en la casa, abuela paterna de visita, abuelo materno recién divorciado… Todos los santos días Ian se pregunta: ¿Quién será mi abuelo paterno?

—¿Y? ¿De vuelta al zoológico, chico raro?

—No soy “Chico raro”, soy “hermano”, ¿okey, Kitty?

—¿Y la escuela?, ¿y tus tareas?

—Nietito, los animales son prendas, como mi tapado de piel…

—O como mi cartera de nutria —acota la abuela paterna.

—Hijo, llegaste tarde, como siempre…

—Perdón por uno, dos, tres…

—Ay, no me digas, hermana, que nuestro bro’ aprendió a sumar, ja ja…

—Y ya va a cuarto grado el idiota…

—Cállense, hijas tontas, que ustedes repiten primer año por tercera vez.

—…por seis.

—No contaste a mi maridito…

—Ex.

—Callate, consuegra.

—Bueno, siete, como quieran.

Todos cenan juntos, sin saber que este niño termina las tareas en los recreos, porque no es como cualquier chico: tiene inquietudes. Con sus ahorros mira películas en los institutos de cine AZTEECA, MAAYA, TEHUELCHEES, WICHÍÍS y MAPUCHINNOS que, según “El mejor actor del país” —el mejor para esta familia—, tienen un humor que espanta a Gente de Bien, concepto inconcebible para nuestro querido Ian. ¿Qué comen? Pavo real, comprado en el supermercado más exclusivo.

—Mami, la próxima sushi sin falta.

—Y la otra, fideos importados multicolores.

—Sí, chicas… ¿y vos, Ian?

—Lo que quieran…

—Qué poco gusto tiene nuestro nieto…

—Coincido, no tiene paladar.

 

Al día siguiente, en clase de lengua…

 

La maestra Carmen dice:

—Vamos a analizar sintácticamente “El Oso Penda, deforme, feúcho, débil, poco seductor, monstruoso, grotesco, de cara alargada, flaco como alguien que no come mucho pero porque no quiere”, ¿sí?

Ian interviene:

—Seño, me parece que falta un predicado, ¿no?

—Te vas a dirección por ofender a la patria.

—En todo caso mejor me manda por interrumpir, porque lo que yo dije está bien sintácticamen…

Dos nenes patovicas, delicados por fuera pero brutales por dentro, lo retiran a la fuerza, y las chicas aprovechan para burlarse de él.

 

 

Terminadas las clases, en el taxi de regreso la madre de Ian mira el cuaderno de comunicaciones:

—Querido, otra vez te peleaste con la maestra, y por una frase, ¡por una estúpida frase!

—Sólo participé, le dije que…

—Bueno, no participes más y para vos ya no hay salidas, nada de ese Oso Penda que desde hace un año te lava el cerebro, ni AZTEECA, ni MAAYA, ni TEHUELCHEES, ni WICHÍÍS ni MAPUCHINNOS, ¿entendido?

—Sí, mamá…

—En tus tiempos libres, vas a mirar tele con tus adorables hermanas que ni estudian ni trabajan, pero son gente bien, tan lindas ellas…

—Botox.

—¡Basta!

 

 

Tras el abandono de su único amigo, Oso Penda muere de pena dos semanas después: el anciano que increpaba al niño lo ve caer redondo sobre unas rocas, y llora por primera vez… Toda la vida me prohibieron ser niño, ser dulce, ser cariñoso, ser diferente a Retrogralandia, se dice, y lo peor, lo peor… BUAAAAA… lo peor es que mi todavía esposa me roba los hijos, que ahora ni sé dónde están, o si tendré nietos… Por esto mi padre me tildaba de maricón y mi ma…ma…madre me daba la espalda… BUAAAA. Se suena la nariz con su pañuelo de tela para al fin dar media vuelta y retirarse de allí.


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