La maestra de Lengua y Ciencias Naturales

   

A partir de quinto grado, dos maestras; en algunos colegios a partir de sexto, y eso en la época de mi abuela. Pero en mi barrio, ‘rioba, nicho, pueblo, grupete de amigotes, amigas, ex novias y actual, a partir de quinto. Sin embargo, en el colegio San Manuel de Langostinos había una docente de Matemática y Sociales, y otra de Lengua y Naturales. Raro intercambio, ¿no?

Cuando Bichita estudió Magisterio, en el posgrado eligió como especialidad Lengua y Sociales. Ella daba talleres literarios, en uno de los cuales trabajé mis textos, pero no nos vayamos de tema. De tocarle de primero a cuarto grado, estaría habilitada para enseñar todas las materias, salvo las artísticas. ¿Y cómo carajo —perdón—, iba a hacer ella para dictar Naturales de quinto (y ni hablemos de sexto y séptimo)? Menos mal que no se decidió por Matemática y Sociales porque ahí sí que sonaba para los chicos, para la enseñanza, para los números y para su reputación.

La otra maestra, la de Matemática y Sociales, María Hilda Clotilde “Marita”, por lo demás vicedirectora, fue la que le dio a la directora la retorcida idea de en quinto cruzar las materias, poner en sexto (que ya Ciencias Sociales se divide en Historia y Geografía) tres docentes: uno para Matemática y Geografía, otro para Lengua y Ciencias Naturales, y otro para Historia (que sí o sí debía ser un licenciado en Historia, porque si no Bichita se quedaba con ese cargo de una), y en séptimo un licenciado —nunca un graduado en magisterio—, para cada materia. Marita, alta, delgada, pelo corto ondulado, grueso y castaño claro, morocha de piel, de anteojos circulares de madera, ojos negros, labios pintados muchas veces de marrón grisáceo, solía dejarse un pequeño bigote ya que, según cuentan las malas lenguas, colaboraba para el “cambio” en educación. Pero vayamos más despacio, compañeras, compañeros, muchachas, muchachos, camaradas.

En la playa de Chapadmalal, Bichita debió estudiar todo el programa de Ciencias Naturales de quinto: sistema solar, nutrición, sólido, líquido, gaseoso, evaporización y la mar en coche. Y resultó que, en la reposera de al lado, Marita se pasaba protector 810º, disfrutaba de los más exclusivos tablones de sushi —había rolls de caviar, con eso les digo todo—, mandoneaba a sus doce nietitos, tenía una pila de revistas de los años setenta y se besaba con al menos dos hombres, pero no nos vayamos de tema.

 

 

El primer día de clases Bichita entró a dar Ciencias Naturales nerviosa, algo tímida, insegura, con miedo a fracasar. Empezar con el sol, sí, con el sol, pensó, que desde el sol parte todo, todo gira alrededor del…

—Hola, seño’, ¿cómo está?

—¿Sos nueva? ¿Qué pasó con Yolanda?

La docente parpadeó:

—Buenos días, soy Bichita. Mi nombre es María Betina de las Nieves —un nene anotó con lapicera pluma: “Maestra: Marita Cortina Bola de Nieve” y su compañero de al lado, con crayones de colores: “La seño’: Marría Berrta, ah re que llueve”—, pero pueden decirme Bichita. A partir de quinto, como sabrán, hay dos maestras: una para Lengua y…

—Ciencias Sociales.

—No, querido: naturales.

—¿Qué…?

—¿Cómo…?

— … y tendrán, supongo que también saben, a su conocidísima vicedirectora como maestra de Matemática y Ciencias Nat… perdón: sociales —los alumnos rieron—. ¿Cómo están, chicos?

—Ya le dijimos: ¡¡¡bieeeeeen!!!

Era mentira que ya le habían dicho, pero la maestra lo dio por descontado. Tras haber pasado lista, dijo:

—Vamos hoy… hoy vamos… sí, hoy vamos en nuestra primer… hoy, que es nuestra primera clase, vamos a ver el sist…

—Cri, cri, cri, cri…

Un nene vestido de rojo de la cabeza a los pies, con pelo natural en tono caoba, común en chicas pero no en varones, motivo de burlas hacia él, en especial por parte de las compañeras a las que les encantaba hablar sobre cabellos, le dijo a su compañero de banco, el único rubio de la clase:

—Che, Naruto, ¿viste el nuevo videojuego que hay sobre vos?

—Sí, claro, Spiderman.

Bichita tosió antes de anunciar:

—Chicos, vamos a ver el sol… digo, el sistema solar.

—Ah, como los protectores que se ponen los nietos de la vice, ¿no?

—Yo soy el novio de una.

—Y uno de ellos es mi novio.

En el pizarrón, la maestra dibujó los planetas en detalle, ya que en su época fue una buena alumna de Plástica, y al darse vuelta se encontró con un gran alboroto: bollitos de papel por todas partes, avioncitos también de papel, útiles escolares dispersos, alumnos fuera de sus asientos, nenes peleando a las piñas, chicas tironeándose del pelo, restos de brillantina de colores en el suelo, maquillaje en las paredes, Barbies sangrantes, una silla dada vuelta, la gorra roja de Spiderman cerca de sus pies, pero antes de que pudiera reaccionar entró al aula Marita, taza de té en mano, para declarar:

—Veo que no tuviste mucha suerte en tu primer día, ¿no? ¿Me dejás hacerte un breve reemplazo así me tomás de modelo?

—No, gracias…

—Ah, pero qué bien dibujás… —miró el pizarrón—, ¿no querés enseñar Plástica? Mirá que estamos reduciendo presupuesto y en cualquier momento la jovencita de Plástica se nos va, ja, ja, ja —chispeó tres veces el dedo en un gracioso movimiento de su mano libre—, ¿té en hebras? —ofreció.

—No, gracias, Marita, y si querés que los chicos no pierdan tiempo de clase te pido que te retires.

Comentarios de los niños:

—Nooooo, mortaaaaaal, Bichito o como se llame se rebeló ante la Bruja Blanca de Narnia.

—No, ante la Severa Snepera.

—Ah re que es Severus Snap…

—Mejor: se rebeló ante la madrastra de Cenicienta.

—Nah, mandaste cualquiera, si su noveno nieto es mi mejor amigo.

La vice, antes de retirarse, les dijo:

—Chicos, los espero en “fracciones con números romanos” dentro de una hora, ja, ja, ja.

Bichita dijo:

—Los que están dispersos vuelvan a sus bancos.

Obedecieron, Spider-boy tras recuperar su gorro. Cuando la maestra estaba por hablar, una alumna se le adelantó:

—Profe, hice un dibujo de dos maestras.

—No me interesa ahor…

Sin hacer caso, la niña lo mostró: el pizarrón dividido en dos, una maestra con corona de reina que enseñaba cuentas dificilísimas, y la otra, parecida a Bichita pero afeada, dibujaba mal los planetas, Neptuno con anillos, Urano rojo, Júpiter al lado del sol, Saturno estilizado, Mercurio azul, la Tierra con los continentes rosados, y así.

—Mu-mu-mu-muy bien, se lo podés mostrar a la de Plástica dentro de dos horas…

—“Mu” dice la vaca, ¿no?

La maestra se impuso:

—Chicos, aquí viene la pregunta del día: ¿qué creen que es el sistema solar?

—¿Usted es la maestra titular o la acompañante?

—Eso no importa, Pedro. ¿Sabe alguno qué es el sist…?

Pedro agarró un papel del escritorio de la docente para decir:

—Ya veo: usted es la maestra acompañante, así que no importa tanto si no hacem…

—¡SÍ QUE IMPORTA, PEDRITO, PRESTÁ ATENCIÓN PORQUE LA MAESTRA DE GIMNASIA, EL DE MÚSICA, LA DE INGLÉS, LA DE PLÁSTICA, LA DE ACTIVIDADES PRÁCTICAS Y EL DE TECNOLOGÍA NO SON LOS TITULARES DE QUINTO GRADO PERO ASÍ Y TODO TIENEN AUTORIDAD!

Al pisar ella tan fuerte con su taco, varios alumnos se largaron a llorar. Ofuscada, la maestra se sentó en su escritorio, y pasados unos minutos dijo:

—El problema, chicos, no son ustedes. El problema viene de arriba. Y no, no me voy a meter con sus padres, no soy tan obtusa —pausa—; es que la autoridad de este colegio, el sistema del que… chicos… sí, lo voy a decir: nos tenemos que rebelar, y en ese “nos” los incluyo, porque ustedes también son víctimas de lo que pasó recién.

Una nena, la más lista de la clase, aplaudió, y provocó otros aplausos. Los últimos en aplaudir fueron los que hablaban de superhéroes, y con eso la que rompió en llanto fue Bichita.

La vicedirectora volvió a abrir la puerta y dijo:

—Buenas, ¿dando clases o cien pájaros volando, quiero decir, pájaro en mano o…?

Una nena, no la más lista de la clase, sino una regular más, dijo:

—Claro que vamos a estudiar, Marita, y si antes no podíamos es por las trabas que usted pone y además por cómo usted se burló de las maestras anteriores con nuestro consentimiento. Pero, ¿sabe qué? Éra-mos-ni-ños. Y ahora queremos saber sobre el sistema solar, escribir cuentos con creatividad, poemas, terror, fantasía, analizar oraciones divertidas, aprender tipos de animales que ni mi abuela arqueóloga conoce, y además…

Marita, cobarde, se retiró con un portazo y sin querer se le cayó algo de su té ya frío. Bichita aplaudió emocionada, y suspiró antes de decir:

—Ya perdimos mucho tiempo de clase, y podría hablarles del sistema solar, pero el verdadero aprendizaje de hoy es lo que importa en la escuela. Para introducirnos en el tema sólo quiero darles una enseñanza: todo, todo, pero todo, planetas, sus lunas…

Un nene se sorprendió:

—¿Hay más de una luna?

—Así es, querido, pero dejame terminar y en otra clase retomamos —pequeña sonrisa y el chico asintió—; como les decía, desde Mercurio hasta Neptuno, absolutamente todo parte de una cosa: ¿qué creen que es?

—¿La galaxia? —arriesgó un alumno con la remera de Dar Vader y una cartuchera con forma de espada verde de Star Wars.

—¿El cielo?

—No, amores: el sol. Mejor dicho: El sist…

Sonó el timbre del recreo, y Bichita dijo:

—Así como hay que respetar el horario de clase, el recreo también es importante. ¡Ya no tengo que hablarles más! ¿Qué hacen mirándome? Salgan a jugar, diviértanse, hagan lo que quieran, siempre y cuando respeten a los demás —gran sonrisa, pero sin mostrar los dientes.

Los alumnos salieron al patio y Bichita fue a la sala de docentes. Se llevaba bien con las maestras de primer a cuarto grado y con la de Inglés, pero la profesora de Historia de sexto y los de séptimo le resultaban extraños por usar anteojos negros, vestir de traje y corbata —también la “tana” Elisabetta, de Historia, y “La Jefe” Roberta, de Geografía—, sombreros, pipas, maletines. Parecían gente de negocios, agentes secretos o en el mejor de los casos detectives.

Cuando tocó el timbre del fin del recreo, los chicos de quinto, a los que les tocaba Matemática, no tuvieron clase, no sabían por qué. Al día siguiente se enteraron de que Marita había renunciado. La reemplazó el suplente Tito, un joven simpático capacitado para dar todas las materias de grado pero sin especialización (por no haber cursado el quinto año de magisterio). Durante el resto del año, tanto Bichita como Tito pudieron dar sus clases con normalidad. Hacia fin de año Bichita armó una revista titulada “Los cuarenta ladrones sin Alí Babá”, con cuentos de los alumnos, sus ilustraciones y una portada en la que se lucía el mejor dibujante: Nahuel. El nombre de la publicación se le ocurrió a la que hoy es mi mujer, cuentista con la que compito y duermo a la vez, Tiziana… y no diré el apellido así no compran sus libros, ja…

Al año siguiente, los docentes de séptimo y la de Historia de sexto fueron expulsados. No se supo por qué, pero se sospecha que eran agentes del gobierno encargados de adoctrinar a los chicos. Mi mujer me contó que “La Jefe” era una de las poquitas amantes del muy frígido Presidente, ¿será cierto o puro chismorreo? Espero que no me decepciones, amor… Cuestión que ellos fueron reemplazados por docentes más copados. La exigente Celina en Matemáticas y Naturales de sexto y séptimo, que según cuenta Tiziana, fue la que le hizo entender la Matemática y nunca la olvidó (ojalá yo hubiese tenido una así, y no al gordito come-hamburguesas que pedía un montón y no enseñaba nada). A Yolanda —expulsada injustamente en tiempos de Marita “vicepresidenta”, digo, vicedirectora— mi mujer la tuvo en Lengua y Sociales de séptimo y le resultó amorosa. A fin de año hicieron un blog con poesías, dos de las cuales están en el primer libro de mi nov… (¡ay, no quería hablar de eso, ja!). Bichita logró la titularidad de sexto, y enseñar en sus dos grados Lengua y Sociales. Ya todo había vuelto a la normalidad.

Tizi’ cree que, cuando ella pasó a sexto, en Matemática y Naturales de quinto quedó Tito, pero no está segura. Hace poco se lo cruzó en el subte recién jubilado y se olvidó de preguntarle. Pero bueno, amor, dejá pasar, mejor disfrutemos de la noche, ¿dale?

 

 

Y como soy buenito, acá va uno de los poemas de mi mujer, ¿será referencial?

 

Los defectos de ella

 

Mas allá de su cabello caoba,

de sus brillantes verdes ojos,

de sus claras cejas y aros rojos,

sus cualidades son escobas.

 

No sabe mucho, pero es presumida.

Se cree santa, pero no es buena.

Falsa risa disimula grandes penas,

que entretienen su mente caída.

 

Sus virtudes son escasas,

grandes defectos abundan en ella

y en conjunto son como casas.

 

Tiene un nombre muy de nene,

el mismo de su rubia mamá,

y su nombre no es otro que Irene.

 

 

Okey, está bien, querido público, acá va el otro (¡y no me rompan más las pelotas!):

 

La merienda

 

La señora Mabel

agarró los panes negros,

los untó con Casamcrem,

y a la taza sin reflejos

le vertió un poco de té.

Sacó medialunas y las puso

en el microondas número tres.

Fue al banco en un minuto

y chorreó la dulce miel

en los alfajores de lujo.

¡Qué hambrienta que es Mabel!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Historia de Catarina Nora

Susan Archie

Historia de la bruja Irene